Europa occidental ya lanza sus cohetes: el Spectrum llegó a órbita en siete minutos

Isar Aerospace, fundada en 2018 por tres estudiantes de Múnich, puso en órbita el primer lanzador totalmente comercial de Europa desde Noruega tras año y medio de intentos frustrados.
Tres estudiantes de Múnich montaron una empresa de cohetes en 2018 porque les gustaba trastear con piezas en el taller del campus. El sábado pusieron uno en órbita.
Qué ha pasado
El 5 de septiembre, a las 22:12 hora local de Noruega (20:12 UTC), el cohete Spectrum de la alemana Isar Aerospace despegó del centro espacial de Andøya, dentro del Círculo Polar Ártico. Siete minutos después estaba en órbita. Es el primer lanzador totalmente comercial de Europa que lo consigue, y el primer cohete construido mayoritariamente en Alemania que llega al espacio.
La misión no terminó ahí. La órbita inicial era elíptica, así que el cohete ejecutó después una maniobra de circularización —frenar en el punto más alto para redondear la trayectoria— antes de soltar los cinco cubesats que llevaba a bordo junto a un experimento no desplegable. El proceso completo llevó unas dos horas.
Costó llegar
Isar lo intentó por primera vez en marzo de 2025. El cohete despegó, pero volvió a caer a tierra sin alcanzar la órbita: la causa fue la apertura accidental de una válvula de ventilación y la pérdida de control de actitud durante la maniobra de alabeo.
A partir de ahí, la lista de intentos frustrados es casi cómica. Un nuevo problema con una válvula, esta vez de presurización, retrasó el lanzamiento previsto para enero de 2026 hasta marzo. En marzo, la meteorología no acompañó en varios intentos, y otro se canceló porque apareció un barco no autorizado cerca de la plataforma. El 9 de abril hubo tregua del tiempo pero una fuga en un tanque presurizado obligó a abortar. El 15 de junio, un comportamiento anómalo en los sistemas de fluidos. Y así hasta el 5 de septiembre.
«Conseguimos en pocos años lo que a la industria espacial europea le había llevado décadas», dijo Daniel Metzler, cofundador y consejero delegado, en un comunicado. Metzler fundó la empresa en 2018 con sus compañeros Josef Fleischmann y Markus Brandl en la Universidad Técnica de Múnich; la bautizaron con el nombre del río que cruza la capital bávara. Hoy tiene cerca de 500 empleados y ha levantado alrededor de mil millones de dólares en rondas privadas, lo que la convierte en la empresa de lanzadores privada mejor financiada de Europa.
Por qué Europa lleva años esperando esto
Hasta ahora, Europa occidental dependía de Arianespace y Avio, dos operadores sostenidos con miles de millones de dinero público, cuyos cohetes Ariane 6 y Vega-C son fiables pero apenas competitivos incluso con subvención. Los satélites europeos podían salir más baratos con SpaceX desde Estados Unidos, pero esa opción es incómoda políticamente. Y los Soyuz rusos quedaron fuera de la ecuación tras la invasión de Ucrania.
De ahí que la Agencia Espacial Europea haya convertido el «comprar europeo» en un eje de su política, y que el canciller alemán Friedrich Merz celebrara el lanzamiento como «el comienzo de una nueva era». El organismo espacial alemán, DLR, había aportado once millones de euros en 2021 para apoyar el desarrollo del Spectrum y organizar el lanzamiento de estos cubesats, pero, como subrayó su director general Walther Pelzer, «el Spectrum no se desarrolló bajo un contrato gubernamental: se desarrolló para servir a un mercado global».
Qué significa para ti
Un cohete de 28 metros que sube una tonelada a órbita baja no cambia tu día. Lo que sí lo cambia, con el tiempo, es lo que ese cohete abarata: cada satélite pequeño que hoy espera meses por un hueco de lanzamiento es una constelación de internet, de observación de la Tierra o de conectividad para zonas sin cobertura. El cuello de botella de la industria espacial no es fabricar satélites, es subirlos, y hasta ahora en Europa occidental solo había una vía y era cara.
Isar dice que su planta de Múnich podría producir hasta treinta Spectrum al año. Si esa cifra se acerca a la realidad, la competencia en el mercado de lanzamientos pequeños deja de ser un asunto de dos empresas subvencionadas. Pero conviene guardar el entusiasmo: un lanzamiento exitoso no es una cadencia. La prueba de verdad es el segundo, y el tercero, y que lleguen sin ocho meses de válvulas y barcos de por medio.
¿Crees que Europa puede competir de verdad en lanzamientos o llega demasiado tarde a esta carrera? Danos tu opinión en los comentarios.
Fuentes
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